Donald Winnicott  Jacques Lacan  Melanie Klein  Sigmund Freud

Principal | Biblioteca | Dic. Psicoanálisis | Contacto


Sigmund Freud


XXXIII EL DELIRIO Y LOS SUEÑOS EN LA «GRADIVA» DE W. JENSEN 1906 [1907] - pág.42

Biblioteca | Sigmund Freud

Página 42 de 43


Con esto, llegamos al término de nuestro estudio. Mas aquellos lectores que nos hayan seguido con atención en nuestra labor pudieran aún advertirnos que habiendo indicado al comienzo de la misma, que los sueños eran deseos presentados como realizados, nada habíamos hecho para justificar o demostrar tal afirmación. Claro es que, como ha podido verse en los análisis oníricos verificados en el curso de este trabajo, las aclaraciones que sobre la esencia de los sueños habríamos de dar, deberían ir mucho más allá de la fórmula que los reduce a realizaciones de deseos. Pero no siendo éste lugar apropiado para entrar en tan espinosa cuestión nos limitaremos a señalar este carácter del fenómeno onírico en los sueños contenidos en la «Gradiva», en los que, por cierto, resulta fácilmente demostrable. Las ideas latentes del sueño pueden ser de la más diversa naturaleza. En la «Gradiva» son «restos diurnos», o sea pensamientos que la actividad psíquica despierta ha dejado flotantes y sin una determinada solución en el día anterior al sueño. Mas para que de ellos surja un sueño es necesaria la cooperación de un deseo ­inconsciente la mayor parte de las veces-. Este deseo representa entonces la fuerza impulsora de la elaboración del sueño y los restos diurnos proporcionan el material que ha de ser elaborado. En el primer sueño de Norbert Hanold concurren dos deseos para formar el sueño: uno capaz de conciencia y otro inconsciente y reprimido. El primero sería el deseo, comprensible en un arqueólogo, de haber sido testigo presencial de la catástrofe que sepultó a Pompeya. ¡Qué no daría cualquier arqueólogo porque este deseo pudiera convertirse en realidad por un camino distinto del del sueño! El otro deseo de Norbert es de naturaleza erótica y podríamos expresarlo grosera e incompletamente diciendo que era el de hallarse presente cuando la amada se acostase para dormir. Este deseo es precisamente aquel cuya repulsa convierte al sueño en sueño de angustia o pesadilla. Menos evidentes son quizá los deseos del segundo sueño, pero recordando nuestra interpretación del mismo, no podemos vacilar en atribuirles también la calidad de eróticos. El deseo de ser aprisionado por la amada y someterse a ella -deseo que descubrimos tras de la escena de la caza de lagartijas- es de carácter pasivo y masoquista. En cambio, al día siguiente golpea el sujeto a la amada como si se hallara dominado por la corriente erótica contraria.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 >>>



 Busca en este sitio
 Menú
Principal
Agregar Favorito
Biblioteca
Dic. Psicoanálisis


En esta sección




Principal | Biblioteca | Dic. Psicoanálisis

Dicc.Psicoanálisis: A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - Y - Z


Copyright ©2008 Nuevarena.com