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XXXIII EL DELIRIO Y LOS SUEÑOS EN LA «GRADIVA» DE W. JENSEN 1906 [1907] - pág.36

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En su pensamiento inconsciente tiene ahora Hanold que decirse que ha hallado la natural explicación de la sorprendente desaparición de la muchacha. Mas, ¿este introducirse y desaparecer por una estrecha hendidura, no tiene acaso que recordar necesariamente las costumbres de los lacértidos? En efecto, Gradiva se comporta aquí como la más ágil y flexible lagartija. Opinamos, por lo tanto, que el descubrimiento de aquella hendidura coadyuvó a determinar la elección del elemento «lagartija» para su inclusión en el contenido manifiesto del sueño. La escena de la caza representaría, pues, tanto a esta impresión del día como al encuentro con el zoólogo, padre de Zoe.
Los resultados anteriores nos animan a buscar todavía en el contenido del sueño la representación de otra de las impresiones del día anterior que aún no hemos incluido en nuestra labor interpretadora: el descubrimiento del «Albergo del Sole». El poeta ha expuesto tan minuciosamente este episodio y ha hecho depender de él tantas cosas, que nos admiraría que fuese el único que hubiese contribuido a la formación del sueño. Hanold entra en este «albergo», ignorado antes por su apartado emplazamiento y la distancia a que de la estación se halla, para tomar una botella de gaseosa que mitigue su estado congestivo. El dueño del «albergo» aprovecha la ocasión para ponderarle las antigüedades que tiene en venta y le muestra una fíbula perteneciente -según dice- a aquella muchacha cuyo cuerpo fue hallado en las inmediaciones del Foro, unido en estrecho abrazo al de su amado. Hanold, que conocía esta historia y nunca le había prestado fe, se ve ahora impelido por una inexplicable fuerza a aceptar su verdad y la autenticidad de la fíbula; adquiere esta última y abandona el «albergo».
DIJIMOS antes, que la entrada en escena de Zoe y la realización de sus propósitos terapéuticos imprimían a nuestro interés un nuevo rumbo, despertando nuestra curiosidad por ver si el desarrollo de su tratamiento curativo se adaptaba o no a las posibilidades reales, esto es, si el poeta poseía de las condiciones de la curación del delirio un conocimiento tan justo y minucioso como el que había demostrado poseer de las correspondientes a la génesis del mismo.
Sin duda alguna se opondrá en este punto a nuestras opiniones una diferente teoría que niega tal interés al caso expuesto por el poeta y se resiste a ver en él problema ninguno necesitado de aclaración, alegando que Hanold tenía obligadamente que renunciar a su delirio después de ver desvanecidas todas las creaciones del mismo, por lo que constituía precisamente su objeto -la supuesta Gradiva- y explicados de un modo naturalísimo todos los misterios, por ejemplo, el de que la aparición conociera su nombre.


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