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XXXIII EL DELIRIO Y LOS SUEÑOS EN LA «GRADIVA» DE W. JENSEN 1906 [1907] - pág.34

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Aplicando este nuevo precepto a nuestro caso, tendríamos la siguiente interpretación: «Gradiva caza lagartijas como aquel viejo zoólogo y como él sabe el medio de aprisionarlas». Pero esto no nos resulta todavía comprensible. Volvámonos, pues, hacia otro de los problemas que el sueño plantea. ¿A qué impresión de Hanold durante el día anterior debemos referir aquella «colega» de Gradiva que sustituye al «colega Eimer» del que habló el zoólogo? El campo en que escoger se halla aquí harto limitado, afortunadamente. Gradiva no puede referirse, al hablar de una «colega» suya -esto es, de otra muchacha- más que a aquella simpática recién casada que Norbert creyó hermana del joven que con ella viajaba. «Llevaba en el pecho una roja rosa de Sorrento que despertó en él un indefinible recuerdo, pero por más que meditó le fue imposible precisarlo». Esta observación del poeta nos da derecho a suponer que la «colega» a que Gradiva alude en el sueño, es, en efecto, la joven recién casada, pues aquello que Hanold no lograba recordar, no era seguramente otra cosa que las palabras de la supuesta Gradiva, cuando al pedirle la blanca rama de asfodelo, añadió que otras mujeres más dichosas que ella se les ofrecían rosas. Pero en estas palabras se transparenta claramente una amorosa solicitación. ¿Qué «caza» será, pues, la que con tanto éxito ha llevado a cabo aquella más feliz colega?
Al día siguiente sorprende Hanold a los supuestos hermanos fundidos en tierno abrazo y se ve obligado a rectificar su error. Como más adelante vemos confirmado, cuando la pareja interrumpe con su aparición la tercera entrevista de Hanold y Zoe, se trata, nuevamente, de unos recién casados en viaje de novios. Admitiendo que Hanold, creyéndolos, conscientemente, hermanos, descubriera desde un principio, en su inconsciente, la verdadera relación que entre ellos existía y que al día siguiente se le revela de un modo inequívoco, encontramos un excelente sentido para las palabras de Gradiva en el sueño. La roja rosa se convierte entonces en un símbolo de la relación erótica y Hanold comprende que aquel hombre y aquella mujer son uno para el otro lo que él y Gradiva han de llegar a ser; la caza de lagartijas adquiere la significación de la caza del hombre por la mujer y las palabras de Gradiva querrán decir aproximadamente: «Tú déjame hacer y verás cómo yo sé, tan bien como esa otra muchacha, encontrar un marido.


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