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Sigmund Freud


XXXIII EL DELIRIO Y LOS SUEÑOS EN LA «GRADIVA» DE W. JENSEN 1906 [1907] - pág.27

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El poeta nos plantea aquí un nuevo problema, haciendo sucederse como casualidades faltas de toda íntima conexión, el sueño, el paso de la supuesta Gradiva ante la casa de Hanold y la decisión al viaje por la influencia ejercida sobre el ánimo del arqueólogo por el canto del canario.
Con ayuda de las aclaraciones que hallamos después en las palabras de Zoe Bertgang llegamos a la comprensión de esta oscura parte del relato. La mujer que Hanold vio pasar desde su ventana y a la que hubiera podido alcanzar en seguida, era verdaderamente el vivo original de la Gradiva escultórica, la propia Zoe, su vecina. El dato contenido en el sueño -«ella vive actualmente y en la misma ciudad que tú»-hubiera, pues, podido recibir una evidente confirmación que habría acabado con la interior resistencia del joven. Por otra parte, el canario cuyo canto inspira a Hanold la idea de partir, pertenecía a Zoe, y su jaula se hallaba colgada en su ventana, frente a la casa de nuestro héroe. Éste, que según la dolida acusación de la muchacha poseía el don de la «alucinación negativa» o sea el arte de no ver ni reconocer a las personas que ante él se hallaban, tiene desde un principio que poseer el conocimiento inconsciente de todas estas circunstancias que a nosotros nos son reveladas mucho después. Los signos de la proximidad de Zoe, o sea, su paso por la calle y el canto de su canario tan cerca de la ventana del arqueólogo, refuerzan el efecto de sueño de Hanold, el cual, ante esta situación, tan peligrosa para su resistencia contra el erotismo, emprende la fuga. El viaje corresponde, pues, a una enérgica movilización de tal resistencia contra el ataque que el anhelo erótico lleva a cabo en el sueño, y a un intento de fuga ante la amada corpórea y presente. Prácticamente significa una victoria de la represión, que esta vez predomina en el delirio, como antes predominaba el erotismo en la actividad investigadora de Hanold sobre el andar femenino, inspirada también por la delirante perturbación. Pero a través de todas estas oscilaciones de la lucha se conserva siempre la naturaleza transaccional de los resultados. La huída a Pompeya que ha de apartar a Hanold de Zoe, la Gradiva viviente, le conduce por lo menos su sustitución, la Gradiva muerta. El viaje es emprendido ciertamente en contra de las ideas latentes, pero en cambio, sigue el itinerario marcado por el contenido manifiesto del sueño.


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