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XXXIII EL DELIRIO Y LOS SUEÑOS EN LA «GRADIVA» DE W. JENSEN 1906 [1907] - pág.26

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Dando vueltas a estos desasosegados y confusos pensamientos, halla de pronto, en el momento en que por vez primera ve andar a Gradiva entre las ruinas de la antigua ciudad, la solución de uno de los problemas referentes a su viaje. En este instante llega a darse cuenta «de algo de que hasta el momento no había tenido conciencia. Si, aun ignorando el impulso interior que le había decidido a emprender el viaje, había partido para Italia, y sin detenerse en Roma ni en Nápoles, había llegado hasta Pompeya, era con el propósito de buscar en esta ciudad las huellas de su Gradiva. Y precisamente las huellas en el propio y estricto sentido de la palabra, pues el característico paso de la fantástica beldad debía de haber dejado una impronta inconfundible en la ceniza de las calles pompeyanas».
La minuciosidad con que el poeta expone todo lo referente a este viaje ha de invitarnos a esclarecer su relación con el delirio del protagonista y a precisar su significado e importancia dentro del conjunto de sucesos que la poética narración nos ofrece. El tal viaje obedece a motivos que el sujeto mismo desconoce al principio y sólo más tarde logra hallar, motivos que el poeta califica directamente de «inconscientes». Estas circunstancias constituyen un fiel reflejo de la realidad, pues ni siquiera es necesario hallarse presa de un delirio, para obrar de tal modo. Constituye, en efecto, un hecho muy corriente, aun en personas de salud normal, el engañarse sobre los motivos de los propios actos y no percatarse de los mismos sino a posteriori, en aquellos casos en que un conflicto entre varias corrientes sentimentales facilita tal confusión. Así, pues, el viaje de Hanold no obedece desde el primer momento sino a una tendencia favorecedora de su delirio que le lleva a Pompeya para continuar allí su apasionada busca de Gradiva. Ya hemos visto y recordamos ahora, que antes e inmediatamente después del sueño se hallaba el arqueólogo entregado por completo a tal actividad inquisitiva y que el sueño mismo no era sino una respuesta, ahogada por su conciencia, a la interrogación de cuál pudiera ser el paradero de Gradiva. Mas un indeterminado poder, cuya naturaleza ignoramos por el momento, impide al principio el acceso a la conciencia del propósito inspirado por el delirio, de manera que la motivación consciente del viaje se ve forzada a basarse en insuficientes pretextos que de tiempo en tiempo tienen que ser renovados.


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