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XXXIII EL DELIRIO Y LOS SUEÑOS EN LA «GRADIVA» DE W. JENSEN 1906 [1907] - pág.8

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Por último, después de un singular sueño de angustia, o pesadilla, pasa esta fantasía de la existencia y muerte de la personificada Gradiva a constituirse en un delirio que influye ya en sus actos. Estos fenómenos de la fantasía nos parecerían extraños e incomprensibles si los hallásemos en una persona viva. Mas como Norbert Hanold, nuestro héroe, no pasa de ser un ente de ficción creado por el poeta, quisiéramos arriesgarnos a dirigir a éste la pregunta de si su fantasía no ha sido quizá determinada por poderes distintos de su propia voluntad contingente.
Abandonamos antes a nuestro joven arqueólogo en el momento en que el canto de un canario enjaulado parece sugerirle la idea de un viaje a Italia, sin que él mismo se dé cuenta exacta del motivo que le impulsa a partir ni tampoco del fin y objeto que con el tal viaje se propone. Llegado a Italia, un íntimo desasosiego le lleva de ciudad en ciudad mezclado con la nube de turistas y jóvenes parejas en viaje de novios que invade en primavera la bella península latina. La ternura de los amorosos recién casados le parece incomprensible y le lleva a sentar la conclusión de que entre todas las locuras humanas «la mayor y más incomprensible es el matrimonio; sobre todo, coronado por el neciamente indispensable viaje a Italia». Huyendo de una de tales tiernas parejas, que no cesa de arrullarse en la habitación vecina a la suya, sale de Roma para Nápoles; mas allí tropieza con otras de igual género, y al enterarse de que la mayoría de ellas, siguiendo un clásico itinerario, no hacen sino una rapidísima visita a Pompeya y salen luego para Capri, decide, para librarse de ellas, seguir una opuesta conducta. De este modo y «contrariamente a lo que se había propuesto al emprender el viaje», llega a Pompeya a los pocos días de salir de su casa.
Mas tampoco aquí encuentra la deseada paz. La misión de mantener su ánimo en un continuo estado de irritación y desasosiego, de la que hasta entonces se habían encargado los amorosos; matrimonios recientes, es asumida ahora por las innumerables y pegajosas moscas meridionales, en las que acaba por ver Norbert la encarnación de lo absolutamente perverso e inútil. Reuniendo en una unidad las dos plagas que le han atormentado, le parece volver a hallar a las parejas conyugales en las moscas que revolotean dos a dos, y supone que, en su idioma, se interpelarán con los mismos dulces apelativos.


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