Otros Trabajos - pág.9
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Jacques Lacan
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Fácil es ver, pues, hasta qué punto la delimitación depende aquí de la concepción misma de la enfermedad. Nosotros nos atendremos, de manera provisional, a la unidad entre el delirio de
reivindicación y las otras formas de delirio paranoico que reconocen Sérieux y Capgras ellos mismos a pesar de las distinciones esenciales que han aportado con sus trabajos entre los dos tipos de procesos. Nuestra posición definitiva acerca del asunto la reservamos para un apéndice de nuestro estudio. El dato clínico de la evolución sin demencia, el carácter contingente de los factores orgánicos (reducidos, por lo demás, a trastornos funcionales) que pueden acompañar a la psicosis, y, finalmente, la dificultad teórica de explicar sus particularidades (el delirio parcial) por la alteración de un mecanismo simple, intelectual o afectivo, todos estos elementos, y otros todavía más positivos, hacen que la opinión corriente de los psiquiatras, como se sabe, atribuya la génesis de la enfermedad a un trastorno evolutivo de la personalidad. La noción de personalidad es compleja. La psicología científica se ha esforzado por despegarla completamente de sus orígenes metafísicos, pero, como suele suceder en casos análogos, ha llegado a definiciones bastante divergentes entre si. Lo que la psiquiatría tiene que tomar en cuenta son, en primerisimo lugar, certidumbres clínicas globales, más seguras, pero también más confusas que las definiciones analíticas; la psiquiatría, además, pone de relieve ciertos vínculos de una importancia capital entre los diversos puntos de vista de la psicología. El uso que hace de la noción no es, sin embargo, unívoco entre los distintos autores, lo cual enturbia los datos ciertos y permite edificar sobre los dudosos. Por eso, antes. de pasar a la presentación y a la critica de las teorías expresadas, quisiéramos precisar el valor psicológico, en el sentido más general, de un término que, demasiado cargado por las aportaciones así de la observación científica como de las creencias populares, y surgido a la vez de las especulaciones de la metafísica y de la experiencia acumulada en la sabiduría de los pueblos, es sumamente rico, pero se presta a toda clase de confusiones.
I. La personalidad según la experiencia común
La personalidad es, en primer lugar, un hecho de experiencia psicológica ingenua. A cada uno de nosotros se nos muestra como el elemento de síntesis de nuestra experiencia interior- La personalidad no solamente afirma nuestra unidad, sino que también la realiza; lo que hace, para ello, es armonizar nuestras tendencias, es decir, las jerarquiza e imprime un ritmo propio a su acción; pero también escoge entre ellas, adoptando unas y rechazando otras.