Seminario 20 Del Goce - pág.30
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Jacques Lacan
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Es como lapsus que significa algo, es d ecir, que puede leerse de una infinidad de maneras distintas. Y precisamente por eso se lee mal, o a trasmano, o no se lee. Sin embargo, esta dimensión del leerse, ¿acaso no basta para demostrar que estamos en el registro del discurso analítico?. En el discurso analítico, se trata siempre de lo siguiente: a lo que se enuncia como significante se le da una lectura diferente de lo que significa. Para hacerme entender voy a tomar una referencia en lo que leen en el gran libro del mundo. Observen el vuelo de la abeja. Va de flor en flor, hace sus libaciones. Ustedes se enteran de que va a transportar en sus patas el polen de una flor al pistilo de otra flor. Eso leen en el vuelo de la abeja. En un vuelo de pájaros que vuela bajo -se le llama un vuelo, pero en realidad es un grupo a cierta altura- leen que se acerca una tempestad. Pero ellos, ¿leen acaso?, ¿Lee la abeja que ella sirve para la reproducción de las plantas fanerógamas?, ¿Lee el pájaro el augurio de la fortuna, como se decía antes, o sea, de la tempestad?. Ese es el asunto. Después de todo, no se puede afirmar que la golondrina no lea la tempestad, pero tampoco es seguro. En el discurso analítico ustedes suponen que el sujeto del inconsciente sabe leer. Y no es otra cosa, todo ese asunto del inconsciente. No sólo suponen que sabe leer, suponen también que puede aprender a leer. Pero sucede que lo que le enseñan a leer no tiene entonces absolutamente nada que ver, y en ningún caso, con lo que ustedes de ello pueden escribir.
El amor y el significante 16 de Enero de 1973
El Otro sexo. Contingencia del significante, rutina del significado. El fin del mundo y el para-ser. El amor suple la ausencia de relación sexual. Los Unos.
Q
ué puedo aún decirles después de tanto tiempo y cuando lo dicho no ha tenido todos los efectos que quisiera?. Pues bien, precisamente por eso, cosas que decirles no me faltan. Pero como, con razón, no se puede decir todo, me veo reducido a avanzar por una vía estrecha que me obliga en todo momento a cuidarme para no recaer en lo que ya está hecho de lo que se ha dicho.