Seminario 18 De un discurso que no sería de apariencia - pág.6
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Jacques Lacan
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Sólo veremos luego los esquemas de la implicación lógica en sus fórmulas clásicas. Esos esquemas necesitan el tiempo de ese veredicto - [el fondo de lo verídico] que no pertenece más que a la palabra, aunque fuese, hablando con propiedad, insensata. El pasaje de ese momento en que la verdad se zanja por su sólo desencadenamiento con aquel de una lógica que intentará dar cuerpo a esta verdad, es precisamente el momento en que el discurso, en tanto que representante de la representación es reenviado o descalificado, y si puede serlo, es porque en alguna parte siempre lo es, y no es más que eso que se llama la represión. Ya no es una representación a la que representa, es esta continuidad de discurso que se carácteriza como efecto de la verdad. Este hecho de verdad, no es apariencia y el Edipo esta allí para enseñarnos, -si ustedes me permiten - [si se lo permiten]-, para enseñarles que se trata de sangre roja. Pero la sangre roja no [refuta a] la apariencia, la colorea, la vuelve reapariencia - [la hace parecida], la propaga: un poco de aserrín y ¡el circo recomienza!. Es por eso precisamente que la cuestión de un discurso que no sería de la apariencia sólo puede plantearse a nivel del artefacto de la estructura de un discurso. Entretanto, no hay Otro del Otro, no hay verdad sobre la verdad - [verdad de la verdad]. Una vez me divertí haciendo hablar a la verdad. Yo pregunto donde hay una paradoja, ¿puede haber algo más verdadero que la enunciación: yo miento? El regateo que se enuncia con el término de paradoja sólo toma cuerpo si ustedes colocan el yo miento sobre un papel a título de escrito. Todo el mundo siente que no hay nada más verdadero que se pueda decir si llega el caso que yo miento. Es por cierto la única verdad que, si llega el caso, no será quebrada. Porque quien no sabe que al decir yo no miento, no se esta para nada al abrigo de decir algo falso. ¿Qué decir?. La verdad de la cual se trata cuando ella habla, aquella de la que he dicho que habla yo, y que se enuncia como oráculo, ¿quién habla?. Esta apariencia, es el significante en sí mismo. Quién no ve que lo que lo carácteriza, a este significante, del cual respecto de los lingüistas yo hago este uso que los molesta ocurrió que aparecieron algunos que escribieron esas líneas destinadas a advertir claramente que sin duda Ferdinand de Sausurre no tenía de él la menor idea.