Seminario 16 De un otro al otro - pág.50
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Jacques Lacan
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Es por lo cual siempre la verdad se insinúa, pero puede inscribirse también de modo perfectamente calculado, allí donde sólo ella está en su lugar, entre las líneas ; esa es su substancia. La verdad es precisamente lo que padece del significante. Eso lleva lejos. Lo que padece por su naturaleza, digamos que cuando digo que eso lleva lejos, ello lleva justamente muy lejos en la naturaleza. Durante largo tiempo pareció aceptarse lo que se llamaba el espíritu. Es una idea que ha pasado, aunque sea un poco. Nada pasa nunca, en tanto que se lo crea en otra parte. En fin, aquélla ha pasado, por lo que se prueba que bajo ese nombre de espíritu no se trata más que del significante mismo, lo cual, evidentemente pone en situación peligrosa, no mal, a la metafísica; a las relaciones pone en situación peligrosa, no mal, a la metafísica; a las relaciones de nuestro esfuerzo con la metafísica, sobre lo que ella es, una puesta en cuestión que tiende a no perder todo el beneficio de su experiencia ; a la metafísica resta algo, saber algo en esto, saber precisamente en un cierto número de puntos, de zonas más variadas o más provistas de lo que se diría en primer lugar, y de cualidades muy diversas. Se trata de saber eso que se llama "estructuralismo". La cuestión es revelada en una recopilación que acaba de aparecer. He leído las premisas. No se si está ya en circulación: "¿qué es el estructuralismo?" por nuestro amigo Francois Wahl. Les aconsejo no perderlo. Plantea sobre ese punto un cierto número de cuestiones. Pero seguramente es suficientemente importante decir, marcar nuestra distinción de la metafísica. En verdad, antes de marcarla, no es inútil enunciar que no es demasiado creer de lo que se pone en evidencia como desilusión. La desilusión del espíritu no es un triunfo completo. Si se sostiene en otra parte, la superstición designaría en una idealidad de la materia, esta sustancia misma impasible que se colocaba en primer lugar en el espíritu, la llamamos superstición porque después de todo bien puede hacerse
su genealogía. Existe una tradición, la tradición judía, curiosamente, donde se puede poner en relieve lo que una cierta trascendencia de la materia puede deber; y lo que se enuncia en las Escrituras es singularmente no percibido, bien entendido; pero todo esta claro en lo concerniente a la corporalidad de Dios.