Seminario 14 La lógica del fantasma - pág.224
Biblioteca
|
Jacques Lacan
Página 224 de 281
Posición que va en contra el oscurantismo en el que nos bañamos para que insista sobre eso, si no lo quieren creer vengan a la corriente principal. Está, entonces, fuera de juego alegar según la tradición moralista que la masturbación es culpable y aún un pecado grave diciendo que desvía un medio de su fin, siendo el fin la producción de cristianitos (vuelvo ahí aunque haya escandalizado la última vez en lo que dije, llamándolos pequeños proletarios). Que sea llevar un medio al rango de fin no tiene nada que hacer en la cuestión tal como hace falta plantearla, ya que es de la norma de un acto tomado en el sentido pleno de esta palabra, y eso no tiene que ver con los rechazos de la producción que tomaría a su cuenta como fin la perpetuación del animal. Al contrario debemos situarlo por relación al pasaje del sujeto a la función significante, en este lugar preciso y fuera del campo ordinario en el que nos acostumbramos con la palabra acto, en este punto problemático que es el acto sexual. Es decir, el pasaje del goce, ahí donde puede ser asido, ya que sea por una prohibición, para atenernos a una palabra utilizada, a cierta negativización para ser más prudentes, y poner en suspenso esto que podría llegar a formular de manera precisa, que este pasaje, en todo caso tenga una manifestación con la introducción del goce en una función del valor, he aquí en todo caso lo que puede decir sin imprudencia. La experiencia donde se puede decir que cierta empatía del auditor no sea foránea, nos anuncia la correlación del pasaje de un goce a la función de un valor, es decir, su profunda adulteración. La castración (no tengo razón alguna para rehusarme a lo que da la literatura, como acabo de decirlo no hay a eso acceso más que empático, deberá ser purificado secundariamente; no se rehusa este acceso tampoco cuando estamos en un terreno más difícil), entonces tampoco tiene la más estrecha relación en le relación del objeto en la estructura del organismo (estamos siempre en la empatía); esto es referido como distinto de un goce autoerótico, es una concesión masturbatoria dado de qué se trata, es decir, de un órgano preciso, ¡porque de autoerotismo Dios sabe que se ha hecho y que se hará!. Como saben, es justamente lo que está en cuestión, este autoerotismo que podría tener un sentido preciso, el del goce local, manejable como todo lo local; se hará de eso pronto el baño oceánico al que tenemos que referirlo.