Seminario 14 La lógica del fantasma - pág.221
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Jacques Lacan
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Pero cuando más preferible es un camino, que asegure alguna verdad concerniente a la dependencia del sujeto que librase a los ejercicios penosos de la prosa psicoanalítica común, que se distinguen en esa suerte de retorcimientos, de rodeos insensatos, que parecen siempre becarios para dar cuenta del juego de las posiciones libidinales. El ejercicio de toda una población de entidades subjetivas que ustedes conocen bien y que acarrean por todos lados, el yo, el superyó, el saber. Sin contar lo que se puede agregar de nuevo de refinado, distinguiendo al yo ideal del ideal del yo, no va de suyo como se hace en la literatura anglosajona desde algún tiempo, agregando el self que igualmente fracasa para remediar esta multitud ridícula, sólo representa la manera en que es manejado como una entidad suplementaria. Entidad ser de razón, siempre inadecuada a partir del momento en que hagamos entrar en juego, de una manera correcta, la función del sujeto, como ninguna otra cosa más que lo que es representado por un significante para otro significante. Un sujeto no es en ningún caso una entidad autónoma, sólo el nombre propio puede dar esa ilusión. Je (es demasiado decir que sea sospechoso, desde que les hablo de eso no debe aún serlo) no es precisamente más que este sujeto, que como significante lo represento para el significante camino por ejemplo, o para el par de significantes: el rulo, lo enrulo Sienten que si tomé esta fórmula, es para evitar la fórmula pronominal, me callo, que seguramente nos llevaría lejos si nos planteáramos la cuestión de lo que quiere decir el me en tal fórmula, como en muchas otras. Verán cuanto su acceso, pretendido reflejo, expone en abanico que no permite en ningún grado darle ninguna consistencia. Pero no me extenderé en ese sentido, no es más que un repaso. Entonces una función subjetiva llamada castración, es asombroso que se la dé (y esto antes del psicoanálisis jamás ha sido dicho), como esencial al acceso de lo que se llama el genital. Si esta expresión era adecuada hasta el último quilate, quiero decir entonces que no lo es. Uno podría maravillarse de algo que se expresaría así, digamos, como se presentaría eso si se lo aborda desde afuera, después de todo estamos siempre allí: que el pasaje a cierto fantasma del órgano está en cierta función seguramente privilegiada desde entonces, la genitalidad precisamente, necesaria para que la función se cumpla.