Seminario 13 El objeto del psicoanálisis - pág.37
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Jacques Lacan
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Es decir que no era un hombre perezoso.
Pero, lo que ustedes ven aquí es típicamente la huella de algo que, diría, se hace en algún punto, cima de una meditación y no carece de relación, o al menos de semejanza, con la que se obtiene de algunos de esos ejercicios, o más bien de esos encuentros, que se escalonan en el camino de lo que se llama al Zen. Tengo ciertos escrúpulos en adelantar este nombre, incluso aquí, a saber, ante un auditorio donde una parte es demasiado poco segura para mí en cuanto a la manera con que puedo ser oído para adelantar, sin ninguna precaución, una referencia que no es, ciertamente, un secreto que recorre las calles y del que se oye hablar por todos lados. El Zen no representa algo que puede llegar hasta el abuso de confianza. A decir verdad, no podría aconsejarles demasiado desconfiar de todas las idioteces que se apilan bajo ese registro. Pero, después de todo, no más que sobre la cibernética misma. Estoy obligado, de todos modos, a decir que esto, trazado de una pincelada, cuyo vigor particular, sin duda, no es seguro que pudiéramos apreciar, que, sin embargo, para algún ojo ejercitado, es bastante sorprendente. Esa pincelada es la que va a importarme, es sobre ella que voy a fijar vuestra atención para soportar lo que tengo hoy que avanzar en el camino que hemos abierto. No es dudoso que está ahí en la posición propia, que es aquella que defino por ser la del significante, que él representa, el sujeto y para otro significante, estando esto bastante asegurado por el camino de la escritura que aquí se alinea y se lee como la escritura china que es. Esto está escrito en carácteres chinos. Se los voy a pronunciar, no en japonés, sino en chino: chi yen che. Lo que quiere decir: ¿en tres mil años, cuántos hombres sabrán?, ¿sabrán qué?. Sabrán quien ha hecho ese círculo, ¿Quién era este hombre del que creí deber indicarles la medida común?, entre lo más extremo, lo más piramidal de la ciencia y un modo de ejercicio del que no podemos no tomar cuenta aquí como fondo de la que él nos deja de escribir aquí.
¿En tres mil años, cuantos hombres sabrán?. Lo que hay a nivel de este círculo trazado, me he permitido en mi propia caligrafía responder; en tres mil años, mucho antes, los hombres sabrán.