Seminario 12 Problemas cruciales para el psicoanálisis - pág.8
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Jacques Lacan
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Rumor. (sic). Uno se pregunta, ¿por qué? Ese texto es admirablemente claro y el ejemplo Hombre-Dama, que doy como evocando, por su conexión significante, el sentido de un urinario y no de la oposición de los sexos, pero como insertándose por el hecho del enmascaramiento de ese sentido. Dos niñitos pasando entre el mencionado urinario en una estación. Una división irremediable: el uno sorprendiéndose que haya pasado por hombre, el otro por dama. Esta es una historia que debería abrir las orejas. Por otra parte las formulaciones convienen menos a la apología que el signo que, de cualquier modo que esté compuesto, incluye en sí mismo la división significante-significado. El signo; esto es, lo que representa algo para alguien. Es decir que al nivel del signo estamos al nivel de todo lo que ustedes quieran, del psicologismo, del conocimiento. Pueden buscar que existe el signo verdadero, el humo que indica el fuego, que existe el índice, la traza dejada por la gacela sobre la arena o el peñasco. Pero el significante es otra cosa y el hecho que el significante represente al sujeto para otro significante es una formulación suficientemente firme para
que, sola, pueda forzarlos a reencontrar alguna consecuencia. ¿Por qué es que, desde ahí, ese discurso sobre el significante puede conservar alguna oscuridad? ¿Es que durante cierto tiempo yo lo he querido? ¿Quién es entonces ese yo (je)? Es, quizá, interno a ese nudo de lenguaje que se produce cuando él da cuenta de su propia esencia. Quizá esté obligado a que en esta conjetura se produzca obligatoriamente alguna pérdida. Es exactamente unida, conjunta a esta cuestión de la pérdida que se produce cada vez que el lenguaje trata, en un discurso , de dar razón de sí mismo, que se sitúa el punto de donde quiero partir para marcar el sentido de lo que yo llamo relación del significante al sujeto. Llamo filosofía a todo lo que tiende a enmascarar el carácter radical y la función originante de esta pérdida. Toda dialéctica, y especialmente la hegeliana, va a enmascararla, y en todo caso, es una filosofía, porque apunta a recuperar los efectos de esta pérdida. Hay otros modos más que la pretensión de tratar con esta pérdida. Hay que mirar en otra parte, y especialmente girar la mirada hacia la significación y hacer del sujeto esa entidad que se llama el espíritu humano, al ponerlo antes que el discurso.