Seminario 11 Los cuatro conceptos fund. del psicoanálisis - pág.151
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Jacques Lacan
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Estos agujeros provienen de algún sitio. En sus primeras construcciónes, sus primeras redes de encrucijadas significantes que se estabilizan, Freud apunta a algo que, en el sujeto, está destinado a mantener al máximo lo que he llamado homeostasis. Esto no quiere decir simplemente rebasamiento de un cierto umbral de excitación, sino también repartición de vías. Freud incluso emplea metáforas que asignan un diámetro a estas vías, que permiten el mantenimiento, la dispersión siempre igual, de una cierta catexis. En algún lugar Freud dice formalmente que la presión de lo que, en la sexualidad debe ser reprimido para mantener el principio del placer -la libido-, es lo que ha permitido el progreso del propio aparato mental en tanto tal y por ejemplo, la instauración en el aparato mental de esta posibilidad de catexia que llamamos Aufmerksamkeit, posibilidad de atención. La determinación del funcionamiento del Real Ich, que a la vez satisface al principio de placer y, al mismo tiempo, está catectizado sin defensa por los ascensos de la sexualidad: esto es lo responsable de su estructura. A este nivel, no estamos incluso obligados a tomar en consideración subjetivización del sujeto. El sujeto es un aparato. Este aparato es algo lagunar, y es la laguna que el sujeto instaura la función de un cierto objeto, en tanto que objeto perdido. Se trata del estatuto del objeto a en tanto que esta presente en la pulsión. En la fantasía, el sujeto pasa frecuentemente inadvertido, pero siempre está ahí, ya sea en el sueño, en la ensoñación o en cualquiera de sus formas más o menos desarrolladas. El propio sujeto se sitúa como determinado por la fantasía. La fantasía es el sostén del deseo, no es el objeto el que sostiene al deseo. El sujeto se sostiene como deseando con respecto a un conjunto significante siempre mucho más completo. Esto se ve bastante bien en la forma de escenario que ella toma, donde el sujeto, más o menos reconocible, está en algún lugar, escindido, dividido, habitualmente doble, en su relación con este objeto que muy a menudo ya no muestra más su verdadera figura. El próximo día retomaré a lo que he llamado estructura de la perversión. Se trata propiamente hablando de un efecto inversa del de la fantasía. El sujeto se determina a sí mismo como objeto en su encuentro con la división de la subjetividad. Les demostraré que -hoy sólo pude detenerme un momento a causa de la hora y lo deploro- lo que sostiene la realidad de la situación de lo que se llama pulsión sadomasoquista, es exactamente el sujeto asumiendo este papel de objeto.