Seminario 11 Los cuatro conceptos fund. del psicoanálisis - pág.40
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Jacques Lacan
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Si quisiese forjar ante ustedes una fórmula espinozista atinente a esto, diría: cogitatio adaequata semper vitat eamden rem. Un pensamiento adecuado en tanto que pensamiento siempre evita, en el nivel en que estamos, aunque sea para después volverla a encontrar en todo, la misma cosa, aquí, lo real es lo que siempre vuelve al mismo lugar-,al lugar donde el sujeto en tanto que cogita, la res cogitans, no se encuentra con él. Toda la historia del descubrimiento freudiano de la repetición como función se define acotando así la relación entre el pensamiento y lo real, al comienzo todo anduvo sobre ruedas, porque se trataba con histéricas. ¡Qué convincente era el proceso de la rememoración en las primeras histéricas! Pero lo que había en esa rememoración no se podía saber desde el principio: no se sabía que el deseo de la histérica era el deseo del padre, deseo que tiene que ser sostenido en su status. No es sorprendente, entonces, que, para beneficio de quien toma el lugar del padre, rememoraran las cosas hasta la hez . Aprovecho la ocasión para indicarles que, en los textos de Freud, repetición no es reproducción. Nunca hay oscilación en este punto: Wiederholen no es Reproduzieren. Reproducir es lo que se creía poder hacer en la época de las grandes esperanzas de la catarsis. Conseguían una reproducción de la escena primaria como uno consigue ahora obras maestras de la pintura por nueve francos cincuenta. Sólo que Freud nos indica, cuando da los pasos siguientes, y no tarda mucho en darlos, que nada puede ser captado, destruido, quemado sino, como se dice, de manera simbólica, in effigie, in absentia. La repetición aparece primero bajo una forma que no es clara, que no es obvia, como una reproducción, o una pre-sentificación, en acto. Por eso he puesto al acto con un gran signo de interrogación en la parte de abajo de la pizarra, para indicar que, mientras hablemos de la relaciones de la repetición con lo real, el acto estará siempre en nuestro horizonte. Es bastante curioso que ni Freud, ni ninguno de sus epígonos, haya intentado nunca
rememorar lo que, sin embargo, esto al alcance de cualquiera en lo tocante al acto; precisemos humano, si así lo quieren, pues, que nosotros sepamos, sólo es acto el del hombre. ¿Por qué un acto no es un comportamiento? Fijemos la mirada, por ejemplo, en ese acto sin ambigüedades, el acto de abrirse el vientre en ciertas condiciones -no digan harakiri, se llama seppuku.