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Seminario 10bis Los nombres del Padre - pág.7

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A esto es a lo que se asemeja en su estructura más fundamental la relación del sujeto con el pequeño "a", y el Aleph estará allí para ayudarnos a simbolizarlo. Aún no he salido de la pulsión escópica, el franqueamiento que designo de lo que allí se manifiesta y que apuntará hacia la impostura: este fantasma que he articulado bajo el término del agalma, cima de la oscuridad donde el sujeto está sumergido en la relación del deseo, el agalma es este objeto al cual cree que su deseo apunta y lleva a su extremo el desconocimiento de este objeto como causa del deseo. Tal es el frenesí de Alcibiades y el reenvío que le hace Sócrates: "ocúpate de tu alma", que más tarde Platón convertirá en: ". . .tu alma y ocúpate de este objeto al que persigues, no es más que tu imagen"; este objeto en su función de meta, de causa mortal. "Haz tu duelo de este objeto, entonces conocerás las vías del deseo, pues yo, Sócrates, no sé nada; es la única cosa que conozco acerca de función de Eros". Es así como he conducido hasta la puerta, quinto término de esta función del pequeño "a", por el cual se mostrará en abanico, el despliegue, de este pequeño "a" en la relación pregenital con la demanda del Otro. Veremos el pequeño "a" venir del Otro, único testigo, de este lugar del otro que no es solamente el lugar del espejismo, este pequeño "a" no lo he nombrado sin embargo lo he mostrado en una de las reuniones de nuestra sociedad, había podido aclararlo en las jornadas sobre la paranoia, pero me he abstenido. Es decir aquello de lo cual se trataba, la voz. La voz del Otro debe ser considerada como un objeto esencial. Todo analista será llamado a darle su lugar, sus diversas encarnaciones, tanto en el campo de la psicosis como en la formación del superyó. Este acceso fenomenológico, en relación de la voz al Otro, el pequeño "a" como caído del Otro, podemos agotar su función estructural llevando la interrogación sobre lo que es el Otro como sujeto, por la voz , este objeto caído del órgano de la palabra, el Otro es el lugar donde ello habla. Ya no podemos escapar a la pregunta: ¿quién? más allá de aquel que habla en el lugar del Otro, y que es el sujeto, ¿quién hay más allá, del cual el sujeto cada vez que habla, toma la voz? Está claro que si Freud pone el mito del padre en el centro de su doctrina es en razón de la inevitabilidad de esta pregunta.


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