Seminario 6 El deseo y su interpretación - pág.319
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Jacques Lacan
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La apuesta es pactada en nueve contra doce, es decir, que se le da un handicap a Hamlet. Yo diría que, en ese juego de palabras sobre ´foil´, encontramos legítimamente esto que está incluido en lo oculto del retruécano... Quiero decir que es una de las funciones de Hamlet hacer, todo el tiempo, juegos de palabras, retruécanos, dobles sentidos, de jugar con el equívoco. Este juego de palabras no está ahí por azar. Cuando él le dice "yo seré vuestro estuche", emplea la misma palabra que hace juego de palabras con eso que está en juego en ese momento, a saber, la distribución de las espadas. Y más precisamente, en el retruécano de Hamlet hay, al fin de cuentas, esta identificación del sujeto al falo mortal, por eso de que él está ahí presente. El le dice "yo seré vuestro estuche para favorecer vuestro méritos", pero lo que ocurrirá en un instante es que, verdaderamente, la espada de Laertes, que ha herido de muerte a Hamlet, pero que es asimismo la misma que va a tener en la mano para terminar su itinerario y matar, al mismo tiempo, a su adversario y al que es el último objeto de su misión, a saber, el rey al que debe hacer perecer inmediatamente después.
Esta referencia verbal, este juego de significante, ciertamente, no está ahí por azar. Está justificado hacerlo entrar en juego. No es, en efecto, un accidente en el texto. Una de las dimensiones en las que se presenta Hamlet, y su trama, es ésa, a través de todo el texto. En Shakespeare -y esto, en sí, solo, merecería un desarrollo- , ustedes ven cómo, representando ahí un rol esencial, esos diversos personajes que uno llama ´clowns´, uno llama los locos de la corte, que son , propiamente hablando, los que, teniendo la facultad de hablar francamente, pueden permitirse develar los motivos más escondidos, los rasgos de carácter que la cortesía prohibe abordar francamente. Es algo que no es simplemente cinismo y juego más o menos injurioso del discurso. Es esencialmente por la vía del equívoco, de la metáfora, del juego de palabras, de cierto uso del amaneramiento, de un hablar preciosista, de esas sustituciones de significantes sobre las que insisto aquí en cuanto a su función esencial. Ellos dan a todo el teatro de Shakespeare un estilo, un color, que es absolutamente carácterístico de ese estilo, y que crea, en él, esencialmente, la dimensiónpsicológica.