Seminario 6 El deseo y su interpretación - pág.151
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Jacques Lacan
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Un amigo me hacía observar recientemente que él mismo habla decidido ocuparse de su hijo, al que consagraba mucho tiempo; él no le habla hablado jamás del perro, más que como ´perro´. Y no habla dejado de estar un poco sorprendido por el hecho de que el niño, que habla ubicado perfectamente lo que era nombrado por la nominación primitiva del adulto, se puso a llamarlo ´guau guau´. Otras personas que pueden hablarme de una manera, no diría más directamente esclarecida por los planos de investigación que les doy, sino por el hecho de mi enseñanza, no han hecho destacar esa otra cosa que no sólo el niño bordea la designación del perro con ese ´guau guau´, que es algo selecciónado en el perro, primitivamente, entre todos sus carácteres - y cómo sorprenderse, ya que el niño no va a comenzar ya, evidentemente, a clasificar a su perro, pero antes de tener el manejo de algún tipo de atributo, comienza a hacer entrar en juego lo que él puede decir, algo como que el animal se presenta produciendo, él mismo, un signo que no es un significante. Pero noten que aquí es por el abordaje, por lo que lo favorece en lo que ah! se manifiesta, precisamente, la presencia de un animal, algo que está bastante aislado para brindar el material, que es ya una emisión laríngea, que el niño tomó ese elemento, ¿como qué? Como algo que, puesto que eso reemplaza al perro, él ya comprendió y entendió perfectamente, al punto de poder dirigir su mirada, tanto hacia el perro como hacia una imagen cuando se lo nombra, y lo reemplaza por ´guau guau´, lo que es hacer la primera metáfora. Es en lo que veremos fragmentarse, conforme a la verdadera génesis del lenguaje, la operación predicativa. Se ha destacado que, en las formas primitivas del lenguaje, lo que juega como función de adjetivo, son metáforas. Esto esta confirmado aquí en el sujeto, a menos que encontremos allí alguna misteriosa operación primitiva del espíritu, ante una necesidad estructural del lenguaje que quiere que, para que algo se engendre en el orden del significante, es necesario que haya sustitución de un significante a otro significante. Ustedes me dirán: ¿Que sabe Usted? ¿Por qué afirmarles que lo esencial es la sustitución de ´guau guau´ a ´perro´? Primeramente, les diría que es de observación corriente - y ella me ha sido aportada hace poco que, a partir del momento en que el niño ha sabido llamar ´guauguau´ a un perro, llamará ´guau guau´ a un montón de cosas que no tienen nada que ver con un perro, mostrando de esa manera que, de lo que se trata es, efectivamente, de la transformación del signo en significante; que se verifican toda suerte de sustituciones en relación con lo que en ese momento carece de importancia, si son otros significantes o unidades de lo real.