Psicología de la separación 1958
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Donald Winnicott
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Artículo escrito en marzo de 1958 para uso de los asistentes sociales
Recientemente se ha escrito mucho sobre el tema de la separación y sus efectos; éstos pueden enunciarse basándose en los resultados de la observación clínica. Hoy en día se ha llegado a un acuerdo considerable con respecto a qué se puede esperar cuando se separa de la figura parental al bebé, o niño de corta edad, por un lapso demasiado prolongado. Se ha comprobado que existe una relación entre la tendencia antisocial y la deprivación. A continuación intentaré estudiar la psicología de la reacción ante la pérdida, aprovechando los grandes aportes hechos a nuestra comprensión del tema desde que Freud publicó su trabajo Duelo y melancolía, influido, a su vez, por las ideas de Karl Abraham. Para comprender a fondo la psicología de la angustia de separación, es necesario e importante que procuremos relacionar la reacción ante la pérdida con el destete, la aflicción, el duelo y la depresión. Quienes trabajan con niños deprivados deben adoptar ante todo, como base teórica de su labor, el principio de que la enfermedad no deriva de la pérdida en sí, sino de que esa pérdida haya ocurrido en una etapa del desarrollo emocional del niño o bebé en que éste no podía reaccionar con madurez. El yo inmaduro es incapaz de experienciar el duelo. Por lo tanto, cuanto haya que decir acerca de la deprivación y la angustia de-separación debe fundarse en una comprensión de la psicología del duelo.
Psicología del duelo
El duelo en sí es un indicador de madurez en el individuo. Su complejo mecanismo incluye el siguiente proceso: el individuo que ha sufrido la pérdida de un objeto introyecta a éste y lo odia dentro del yo. Desde el punto de vista clínico, lo muerto del objeto introyectado varía de un momento a otro, según predomine el odio o el amor hacia él. Durante el duelo el individuo puede ser feliz por un tiempo, como si el objeto hubiese resucitado, porque ha revivido en su interior, pero aún tiene por delante más odio y la depresión volverá tarde o temprano. Algunas veces vuelve sin una causa obvia; otras, retorna traída por sucesos fortuitos o aniversarios que recuerdan la relación mantenida con el objeto y subrayan, una vez más, el modo en que le falló al individuo al desaparecer. Con el tiempo, en los individuos sanos, el objeto interiorizado empieza a liberarse del odio (tan poderoso al principio) y el individuo recobra la capacidad de ser feliz pese a la pérdida del objeto y a causa de su resurrección dentro del yo.