Sobre la neurosis cardíaca en los niños 1966
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Donald Winnicott
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Éste es un congreso de especialistas en salud física y en trastornos somáticos del corazón, principalmente la cardiopatía congénita. En esta primera sesión están ustedes examinando al niño en su familia o como receptor de otra provisión ambiental, y me alegra participar en este preciso momento, en el cual se produce una integración de los dos aspectos de la pediatría. Las enfermedades son cosas, y siempre habrá quienes prefieran trabajar con cosas, así como siempre habrá quienes prefieran estar en contacto con personas. Algunos de nosotros pertenecemos a la primera especie, algunos a la segunda. Los niños que son nuestros pacientes necesitan por cierto que las dos especies nuestras se lleven bien entre sí, aunque a veces parte de su enfermedad radique en tratar de que nos peleemos. Me perdonarán si les digo que en los últimos veinticinco años, aproximadamente, no me he visto envuelto en el aspecto físico de la pediatría. Sí puedo declarar que desde 1920 hasta la época de la guerra tenía plena responsabilidad médica sobre mis casos. Además, como médico de un hospital del East End de Londres, estaba a cargo de una Clínica para el Reumatismo L.C.C., que brindaba un servicio de diagnóstico y observación y donde se atendía a gran número de pacientes. Esta contribución se basará fundamentalmente en mi experiencia en esa clínica. (1) El estudioso del crecimiento y el desarrollo humanos, o el psicólogo dinámico, o el psiquiatra de niños (como quieran llamarlo) pueden verse involucrados de diversas maneras con el pediatra que se ocupa del corazón de los niños. Los problemas más importantes, creo, giran en torno de la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la convalecencia de los grupos de enfermos reumáticos que corren el riesgo de carditis. Me remonto al pasado, a Londres entre 1920 y 1940, cuando las enfermedades reumáticas estaban muy difundidas y nos preocupaba mucho el diagnóstico temprano, que constituía nuestra única esperanza de prevenir lo que a la sazón era como una plaga: la cardiopatía reumática, con su amenaza inmediata a raíz de la miocarditis y sus secuelas (sobre todo la estenosis mitral y la consecuente fibrilación auricular). No sé si hay en Europa hoy algún lugar donde prolifere todavía la fiebre reumática. En esas dos décadas aún nos veíamos ante un trastorno corriente, con el que habían batallado Goodhart, Henoch, Cheadle y Still. Poynton y Robert Hutchison estaban en vías de pasar el mando a Bernard Slesinger y otros a quienes ustedes conocen ya sea de nombre o personalmente, y a Bonham-Carter, que está presente en este congreso.