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Donald Winnicott


La capacidad para estar a solas - 1958

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Quisiera llevar a cabo un examen de la capacidad individual para estar a solas, partiendo del supuesto de que esta capacidad constituye uno de los signos más importantes de madurez dentro del desarrollo emocional. En la casi totalidad de los tratamientos psicoanalíticos llega un momento en que la aptitud para estar a solas resulta importante para el paciente. Desde el punto de vista clínico, ello puede estar representado por una fase o sesión en silencio que, lejos de indicar resistencia por parte del paciente, es en realidad un logro, casi diría que una proeza. Quizá sea la primera vez que el paciente ha sido capaz de estar a solas. Precisamente es sobre este aspecto de la transferencia, cuando el paciente se encuentra a solas durante la sesión analítica, que deseo llamar la atención. Probablemente puede afirmarse que la literatura psicoanalítica ha dedicado mayor atención al temor y al deseo de estar a solas que a la aptitud para ello; asimismo, se han hecho considerables trabajos sobre el estado de replegamiento, organización defensiva que presupone el temor del paciente a ser perseguido. Mucho me parece que desde hace tiempo se echa de menos un estudio de los aspectos positivos de la capacidad para estar a solas. Puede que los escritos psicoanalíticos hayan tratado de definir esta capacidad, pero yo no tengo constancia de ello. Quisiera remitirme al concepto freudiano de la relación anaclítica
(Freud, 1914; cf. Winnicott, 1956 a).

Las relaciones triangulares y bicorporales

Paradoja Rickman fue el primero en hablar de las relaciones triangulares y bicorporales. A menudo nos referimos al complejo de Edipo como la fase en que las relaciones triangulares dominan el campo deja experiencia. Todo intento de describir el complejo de Edipo en base a una relación entre dos personas fracasará inevitablemente. Sin embargo, la relación bipersonal existe en realidad, si bien restringida a fases relativamente tempranas de la historia del individúo. La primera relación bipersonal es la del niño con la madre real o sustitutiva, antes de que el niño haya escogido alguna de las propiedades de la madre para forjarse con ella la idea de un padre. El concepto kleiniano de la posición depresiva puede describirse en términos de relaciones bipersonales, siendo tal vez posible afirmar que este tipo de relación constituye un rasgo esencial de dicho concepto. Ya que hemos hablado de relaciones bipersonales y triangulares, ¿no sería lo natural que hablásemos de relaciones unipersonales? De buen principio parece que el narcisismo, ya sea secundario o primario, constituye la relación unipersonal por antonomasia.


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