La psicoterapia de los trastornos del carácter 1963 - pág.11
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Donald Winnicott
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Por la misma época reincidió en los robos y la conducta agresiva fuera del medio terapéutico. El Juzgado de Menores lo envió a una escuela de readaptación social, precisamente cuando el tratamiento psicoanalítico estaba en su apogeo. Si yo hubiese sido mucho más fuerte que él, tal vez habría manejado esta fase y tenido la oportunidad de completar el análisis; pero, dada la situación, debí abandonar el caso. (A este muchacho le fue moderadamente bien en la vida. Entró a trabajar como camionero -un oficio adecuado a su temperamento inquieto- y, en la época en que hice el seguimiento del caso, llevaba 14 años en el puesto. Se había casado y tenía tres hijos. Su esposa se había divorciado de él, tras lo cual él se había mantenido en contacto con su madre, de quien obtuve los datos para el seguimiento).
Tres casos favorables
Un niño de 8 años empezó a robar. Tenía un buen hogar. A los 2 años había sufrido una deprivación relativa, cuando su madre quedó embarazada y fue presa de una angustia patológica. Los padres lograron atender las necesidades especiales del niño y casi habían llevado a cabo una cura natural. Los ayudé en esta larga tarea haciéndoles comprender, en alguna medida, lo que estaban haciendo. En una consulta terapéutica, efectuada cuando el niño tenía 8 años, pude hacerle "palpar" su deprivación. En un salto regresivo, el niño volvió a una relación de objeto con la madre buena de su infancia y dejó de robar. Cierta vez me trajeron en consulta a una niña de 8 años, a causa de sus robos. Tenía un buen hogar y entre los 4 y 5 años había sufrido en él una deprivación relativa. En una sola consulta psicoterapéutica, la niña retrocedió a su contacto infantil temprano con una madre buena y, a partir de entonces, cesaron sus robos. También se orinaba y se ensuciaba; esta manifestación leve de su tendencia antisocial persistió por un tiempo. Un niño de 13 años, pupilo en una escuela privada muy distante de su hogar (que, por lo demás, era bueno), estaba cometiendo robos en gran escala, tajeando sábanas y alterando el orden por diversos medios: metía en líos a sus condiscípulos, escribía obscenidades erg los baños, etc. En una consulta terapéutica pudo comunicarme que a los 6 años había pasado por un período de tensión intolerable, cuando lo enviaron a la escuela de pupilos.