Sueño - pág.21
Biblioteca
|
Diccionario Psicoanálisis
Página 21 de 24
Esta vez, en efecto, el anhelo inconsciente no pertenece al dominio de lo reprimido, sino al del yo [je]. Estos sueños, que no siguen a restos diurnos penosos sino más bien a satisfacciones prohibidas (unerlaubte), muestran una participación más activa del yo [Je] en la formación onírica. No obstante, en este mismo pasaje, Freud precisa que el anhelo inconsciente de castigo que se opone al Wunsch reprimido es en realidad preconsciente (una nota añadida en otro lugar en 1925, y otra de 1930, lo atribuyen finalmente al superyó). Resulta entonces que los recursos conceptuales de la segunda tópica permiten resolver con el menor gasto los problemas planteados por estas tres categorías de sueños desagradables: en efecto, siempre es el yo [Je] el que sueña, y es él el que tiene que sufrir, en sus puestas en escena oníricas, los efectos de sus conflictos con el ello y el superyó. En su «revisión» de 1933, Freud considerará que ha «liquidado enteramente la objeción inevitable, siempre retomada por los profanos, de que hay muchos sueños de angustia». Una distribución simplificada en tres grupos (sueños de anhelo, sueños de angustia y sueños de castigo) le permitió mantener su doctrina, que aclara los dos últimos grupos a partir del primero. Subsisten no obstante dos dificultades graves, «cuya discusión lleva muy lejos», y que aún no encontraban «una liquidación plenamente satisfactoria». La primera se refiere a los sueños de personas que han sufrido una experiencia de shock (Schockerlebnis), de grave trauma psíquico, tan frecuente en la guerra, y como se lo encuentra «también en el fundamento de una histeria traumática» (el «también» es importante). La segunda dificultad se presenta en el trabajo analítico cotidiano: éste muestra que las impresione s dolorosas de angustia, prohibición, decepción y castigo ligadas a las primeras experiencias sexuales de la infancia (impresiones que han sido reprimidas) encuentran un amplio acceso a la vida onírica, proporcionando el modelo de numerosas fantasías oníricas (Traumphantasien), y que los sueños están llenos de reproducciones de esas escenas infantiles y de alusiones a ellas. Es interesante comparar el enfoque de estas dos dificultades en 1933 con el adoptado en 1920, en Más allá del principio de placer. Los sueños de la neurosis traumática, según ese ensayo, demuestran la capacidad del individuo de ligar las cantidades de excitación que han penetrado traumáticamente, para llevarlas después a la liquidación. Si no están ordenadas a la Wunscherfüllung, es porque a través de su carácter repetitivo tienen por meta «el dominio retroactivo de la excitación por el desarrollo de angustia, esa angustia cuya falta (Unterlassung) ha sido la causa de la neurosis traumática».