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Objeto - pág.3

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Designa también lo que constituye para el sujeto objeto de atracción, objeto de amor, casi siempre una persona. Sólo la investigación analítica permite descubrir, más allá de esta relación global del yo con sus objetos de amor, el funcionamiento propio de las pulsiones en su polimorfismo, sus variaciones, sus correlatos fantaseados. En los primeros tiempos en que Freud analiza los conceptos de sexualidad y de pulsión, no se halla explícitamente presente el problema de articular entre sí el objeto de la pulsión y el objeto de amor, y es lógico que así sea; en efecto, los Tres ensayos, en su primera edición (1905) giran en torno a la gran oposición que existiría entre el funcionamiento de la sexualidad infantil y el de la sexualidad postpuberal. La primera se define como esencialmente autoerótica, y, en esta etapa del pensamiento de Freud, no se insiste en el problema de su relación con un objeto distinto del propio cuerpo, aunque fuera fantaseado. La pulsión, en el niño, se define como parcial, y ello más en razón de su modo de satisfacción (placer en el propio lugar de origen, placer de órgano) que en función del tipo de objeto al cual tendería. Solamente en la pubertad interviene una elección de objeto, cuyos «modelos» o «bosquejos» pueden encontrarse ciertamente en la infancia, lo que permite a la vida sexual, al tiempo que se unifica, orientarse definitivamente hacia otro individuo. Ya es sabido que, entre 1905 y 1924, se fue atenuando progresivamente la oposición entre autoerotismo infantil y elección objetal puberal. Se describen una serie de fases pregenitales de la libido, todas las cuales implican un tipo original de «relaciones de objeto». El equívoco que podía implicar el concepto de autoerotismo (el cual podía entenderse como implicando que el sujeto ignoraría al principio todo objeto exterior, real o incluso fantaseado) se disipa. Las pulsiones parciales, cuyo funcionamiento caracteriza el autoerotismo, se denominan parciales en la medida que su satisfacción va ligada, no sólo a una zona erógena determinada, sino a lo que la teoría psicoanalítica llamará objetos parciales. Entre estos objetos se establecen equivalencias simbólicas, evidenciadas por Freud en Sobre las transposiciones de las pulsiones y especialmente del erotismo anal (Über Triebumsetzungen, insbesondere der Analerotik, 1917), intercambios que hacen pasar la vida pulsional por una serie de avatares. La problemática de los objetos parciales da lugar a un desmantelamiento de lo que tenía de global la noción, relativamente indiferenciada, de objeto sexual en los comienzos del pensamiento freudiano.


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