Narcisismo 3 - pág.14
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Diccionario Psicoanálisis
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Diferencia entonces un primer narcisismo, que se ubicaría en el nivel de la imagen real del esquema e indicaría una cierta cantidad de marcos preformados de la realidad, y un segundo narcisismo, reflejado por el espejo, que tendría que ver con la relación con el otro. Ahora bien, una vez descrita de este modo esta organización psíquica, se identifica mejor, en la prolongación directa de la perspectiva freudiana, lo que puede llevar a un individuo a despojarse de su propia estima en favor de la idealización del otro-objeto o, en otras palabras, lo que verdaderamente puede hipnotizarlo al punto de que se produzca una especie de vaciamiento mortífero que lo entregue totalmente a la voluntad del otro. Se evoca además la presencia del doble, efectivizada por la visión en el otro de la propia imagen especular, cuando el sujeto ve bruscamente surgir ante él su propia mirada, que entonces afirma que le ha sido robada. Los tiempos de la dinámica especular -tiempo de impregnación de la imagen (marco genérico) y tiempo de captación por la imagen (unidad corporal)- se encuentran a la vez confundidos y suspendidos en un momento regresivo de estupefacción, ese momento que provoca la imagen especular cuando ella, más allá del espejo, alcanza un punto de reconocimiento familiar (Heim) situado en el Otro. Dejarse tomar por la imagen especular antes de haber podido develar la carencia radical de ese Otro que precede al sujeto: tal sería, para Lacan, la trampa narcisista, captura indefinidamente repetida del sujeto por su imagen, en el curso de la cual resplandece el fuego de un goce borrado desde mucho antes. En este asunto, explica Lacan en el seminario sobre la angustia, el sujeto se debate con su agresividad primera que, esencial para la constitución de su imagen y para su proyección sobre el mundo, se vuelve entonces en su contra, de una manera tanto más peligrosa cuanto que él continúa abismándose, como Narciso, en la fascinación de su doble. Sin duda, el sujeto así captado resuelve, de cierta manera, la discordancia primordial entre el yo imaginario y el ser inaccesible, que entonces se funden; de no ser así, él tendría que trabajar en la resolución de esa discordancia, sin jamás alcanzarla. Y si la alcanza, lo hace, para citar a Lacan en «Acerca de la causalidad psíquica», «Por una coincidencia ilusoria de la realidad con el ideal [que] resonaría hasta en las profundidades del nudo imaginario de la agresión suicida narcisista».