Malestar en la cultura (el) - pág.5
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Diccionario Psicoanálisis
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En efecto, al llegar a esa altura del ensayo, Freud advierte que la cuestión que se le plantea no concierne ya a la ciencia, sino al pronóstico. Esas sociedades civilizadas, ¿podrán dominar la pulsión destructiva capaz de perderlas? Freud se niega a darle a este interrogante la respuesta consoladora que aguardan y están dispuestos a proporcionar los revolucionarios y los pietistas reunidos en una misma ilusión. Deja la pregunta abierta, atribuyendo la agitación y la angustia crecientes de sus contemporáneos a su capacidad tecnológica para exterminarse mutuamente, hasta lo último. "Y ahora -concluye- cabe esperar que el otro de los dos «poderes celestiales», el eros eterno, realice un esfuerzo para afirmarse en su lucha contra su adversario no menos inmortal." Un año después, en 1931, cuando el Partido Nazi acababa de obtener cerca del 39 por ciento de los votos en las elecciones, Freud, como para desprenderse de un resto de optimismo, añadió: "Pero, ¿quién puede conjeturar el éxito y el desenlace?"