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Inconsciente 2 - pág.2

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La misma excitación se encuentra desde entonces fijada de manera diferente en varias capas de la memoria. Como una relación de exclusión liga las funciones de la memoria y de la percepción, hay que admitir que nuestros recuerdos son de entrada inconcientes. El estudio de los síntomas histéricos así como de la formación de los sueños exige suponer dos instancias psíquicas, una de las cuales somete la actividad de la otra a su crítica y le prohibe eventualmente el acceso a la conciencia. El sistema encargado de la crítica, pantalla entre la instancia criticada y la conciencia, se sitúa en el extremo motor y se denomina preconciente, mientras que corresponderá el nombre de inconciente al sistema ubicado más atrás, que no podrá acceder a la conciencia si no es pasando por el preconciente. De este modo, un acto psíquico recorre dos fases; primariamente inconciente, si es apartado por la censura, será reprimido y deberá permanecer inconciente. Es de notar que sólo las representaciones pueden ser llamadas «inconcientes». Una pulsión, que nunca es objeto de la conciencia, sólo puede ser «representada» en los sistemas tanto inconciente como preconciente por una representación, es decir, un investimiento basado en huellas mnémicas. Los afectos mismos pueden ser desplazados, religados con otras representaciones, pero no reprimidos. Una representación del sistema inconciente no es inerte sino que está investida de energía. Puede entonces ser «desinvestida» por el sistema preconciente. Esto implica que el paso de una representación de un sistema a otro se hace por medio de un cambio de estado de la energía de investimiento pulsional: libre o móvil, es decir, tendiente a la descarga por la vía más rápida en el inconciente, pasa a estar ligada, controlada en su movimiento de descarga en el preconciente. Esta distinción del estado de la energía corresponde a la distinción entre proceso primario y secundario. Hay que admitir además la existencia de un contrainvestimiento con el que el preconciente se protege del empuje de las representaciones inconcientes y establece la represión originaria, represión en cuyo curso el representante psíquico de la pulsión ve inicialmente negada su admisión por el preconciente, con lo que la pulsión permanece ligada a él de manera inalterable. La represión originaria es así una fuerza de atracción de las representaciones preconcientes. Sólo accedemos a las propiedades del sistema inconciente a través del estudio de sus rebrotes. En efecto, no hay represión sin retorno de lo reprimido: formaciones del inconciente, síntomas.


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