Edipo Rey de Sófocles - pág.31
Biblioteca
|
Diccionario Psicoanálisis
Página 31 de 37
Corifeo: También yo querría que hubiese pasado así. Edipo: Nunca hubiera llegado a asesinar a mi padre ni me hubiera llamado esposo de aquella por la que tuve la vida. En cambio, ahora, heme aquí, abandonado por los dioses, hijo miserable de impurezas, que he engendrado en la mujer a la que debía mi vida. Si puede haber un mal peor que el mismo mal, éste ha tocado a Edipo. Corifeo: Se me hace difícil decirte que lo que has decidido es cierto: mejor que vivir así, ciego, estuvieras muerto. Edipo: ¿No es quizá lo mejor, lo que he hecho? No me vengas con lecciones ni con consejos, encima. Yo no sé, de tener ojos, como hubiera podido mirar a mi padre cuando vaya al Hades, ni a la pobre de mi madre, porque ahorcarme no es bastante para purgar los crímenes que contra ellos dos he cometido. Y además, ¿podía deleitarme en mirar a mis hijos, nacidos del modo en que han nacido? No, nunca: esto no podía ser grato a mis ojos, ni esta ciudad, ni estas murallas, ni estas sagradas imágenes de los dioses. Yo, mísero, el mas noble hijo de Tebas, me privé a mí mismo de esto, yo que decreté que todos repelieran al sacrílego, a aquel cuya impureza mostraban los dioses... ¡y del linaje de Layo! Y yo, tras haber sacado a relucir una mancha como la mía, ¿podía mirar a los tebanos cara a cara? No, ciertamente, que si hubiera podido cerrar la fuente que permite oír por los oídos no me hubiese arredrado, no, por incomunicar el cuerpo de este miserable: así, además de ciego, fuera sordo: ¿no es dulce poder pensar alejado de los males? Ió, Citerón, ¿por qué me acogiste? ¿Por qué, cuando me tenías, no me mataste al punto? Así jamás hubiera revelado mi origen a los hombres. ¡Oh, Pólibo! ¡Corinto y la casa de mi padre, decían! ¡Qué belleza -socavada de desgracias- criasteis! Y ahora descubro, desgraciado, que vengo de infelices. ¡Ay, tres caminos, soto escondido, encrucijada estrecha! Vosotros bebisteis la propia sangre mía que mis manos vertieron, la de mi padre. ¿Os acordáis de los crímenes que cometí a vuestra vista y de los que cometí, otra vez, llegado aquí? Bodas, bodas que me habéis hecho nacer y, nacido, habéis suscitado por segunda vez la misma simiente, mostrando padres hermanos e hijos entre sí, todos del mismo linaje, y una novia esposa y madre.