Edipo Rey de Sófocles - pág.4
Biblioteca
|
Diccionario Psicoanálisis
Página 4 de 37
Edipo: ¿Cuál? Podríamos saber mucho más, por un indicio únicamente, con sólo que tuviéramos una base, por mínima que fuera, en qué fundamentar nuestra esperanza. Creonte: Dijo que hallaron por azar unos salteadores y que ellos le mataron, no por la fuerza de uno sino uniendo todos sus manos. Edipo: Pero, ¿cómo un bandolero, de no haber algo tramado desde aquí, con dinero de por medio, habría llegado a tal grado de osadía? Creonte: Esto fue lo que nos pareció, pero, muerto Layo, no apareció, en la desgracia, quien pensara en vengarle. Edipo: ¿Qué desgracia pudo, caído así vuestro rey, impediros ponerlo todo en claro? Creonte: La Esfinge, cuyos sutiles cantos nos exhortaban a fijarnos en lo que teníamos a nuestros pies sin preocuparnos de lo oscuro. Edipo: Pues yo desde el principio reemprenderé la investigación y lo aclararé. Es digno de Febo, si, y digno también de ti, que hayas puesto ahora esta solicitud en favor del muerto. Y es justo que en mí veáis a un aliado que sale en favor de esta tierra y del dios, juntamente. Yo alejaré esta mancha, y no por unos amigos lejanos, sino por mí mismo, porque sea quien fuere el asesino de Layo, podría ser que también contra mí quisiera, de modo parecido, tomarse venganza; es en mi beneficio, pues, que voy en socorro de Layo. (A los jóvenes suplicantes.) Venga, muchachos, levantaos de estos peldaños y llevaos estas ramas de suplicantes; que otro convoque aquí a asamblea al pueblo de Cadmo por el que estoy yo dispuesto a hacerlo todo... O a vivir feliz a la vista de todos, con la ayuda de la divinidad, o a sucumbir. Sacerdote: Va, pues, muchachos, levantémonos. Era por gracia de lo que el rey nos promete que habíamos venido. Y Febo, que nos ha mandado estos oráculos, quiera venir a salvarnos y a poner fin a la peste. Se van el sacerdote y los jóvenes. Entran Edipo y Creonte en palacio. Hace su entra da el coro de ancianos tebanos, la voz del pueblo en la asamblea que ha convocado Edipo. Coro: Palabra dulcemente proferida de Zeus, ¿qué traes a la ilustre Tebas desde Pito rica en oro? La angustia tensa de mi espíritu, palpito de temor, dios de Delos que con gritos se invoca, salvador, y amedrentado me preguntó qué obligación nueva me impones que deba renovar en el renovarse de las estaciones.