Edipo (complejo de) 2 - pág.10
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Diccionario Psicoanálisis
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Entre angustia y placer, frustración y satisfacción, agresividad y amor, se despliega el drama del infans que, gracias al emplazamiento de procesos defensivos (escisión, proyección, introyección, introyección proyectiva), constituye relaciones de objeto al mismo tiempo que el yo. La maduración biológica e, inseparablemente, la experiencia relacional, favorecen la integración progresiva de los primeros procesos en un sistema más elaborado. En cuanto a la pulsión libidinal, indiferenciada en los niveles oral y anal, contiene no obstante aspectos genitales diferenciados que poco a poco irán organizando el conjunto. No sólo hay en la niña sensaciones vaginales precoces, sino que los niños de ambos sexos adquieren muy pronto un conocimiento embrionario (una presciencia) de la existencia de dos sexos. Asistimos entonces a la elaboración de una teoría original de la evolución general del niño en la que el complejo de Edipo ocupa su lugar pero sufre una importante modificación. Por una parte, se trata eminentemente de un complejo parental. Por la otra, es por el lado de la relación con el objeto que la experiencia real se combina con el conflicto pulsional interno para producir ¡magos parentales que organizan la fantasmática del sujeto. Klein advierte la aparición del complejo hacia los seis meses, cuando el infans pasa del objeto parcial (pecho y después pene) al objeto total (madre, padre), que moviliza a la vez los afectos del amor y el odio. La ambivalencia, característica de esta posición depresiva, apunta primero a figuras aún mal diferenciadas: el fantasma de los padres acoplados -que surge cuando el niño comienza a distinguir a las personas en su ambiente- representa la angustia de la criatura ante la relación que une a la pareja parental que él quiere al mismo tiempo destruir y conservar. Así, en la triangulación edípica, la relación con la relación entre los padres es tan importante como las relaciones que se anudan con cada uno de ellos. De la ambivalencia nacen la culpa y el deseo de reparación: el superyó aparece tempranamente, al mismo tiempo que las primeras actividades de simbolización, fuentes de la creatividad cultural y no del ocaso del complejo. El complejo sigue un curso en el cual las relaciones con el objeto están entramadas con la dinámica pulsional: gracias a la victoria de Eros sobre Tánatos, la dialectización de las figuras parentales y el reconocimiento del vínculo que las une constituyen idealmente -más allá de la idealización o desvalorización de una u otra las identidades sexuadas en la diferencia de las generaciones.