Bauer Ida, señora de Adler (1882-1945). Caso "Dora" - pág.5
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Diccionario Psicoanálisis
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El autor era un sexólogo darwiniano abundantemente citado por Richard von Krafft Ebing, y especializado en la descripción "etnológica" de las grandes prácticas sexuales humanas: lesbianismo, onanismo, masturbación, inversión, felación, etcétera. Al enviar su hija a ver a Freud, Philipp Bauer esperaba que le diera la razón a él y se ocupara de poner fin a los fantasmas sexuales de la joven. Lejos de adherir a la voluntad del padre, Freud tomó una dirección totalmente distinta. En once semanas, y a partir de dos sueños (uno con un incendio de la casa familiar y el otro con la muerte del padre), reconstituyó la verdad inconsciente de este drama. El primer sueño revelaba que Dora se había entregado a la masturbación, y que en realidad estaba enamorada de Hans Zellenka. Por ello le pedía al padre que la protegiera de la tentación de ese amor. Pero esa tentación despertaba también un deseo incestuoso reprimido respecto del padre. En cuanto al segundo sueño, permitió ir aún más lejos en la investigación de la "geografía sexual" de Dora, y sobre todo sacar a luz su perfecto conocimiento de la vida sexual de los adultos. Freud advirtió claramente que la paciente no soportó la revelación de que deseaba al hombre que había abofeteado. En consecuencia, la dejó irse cuando ella decidió interrumpir el tratamiento. ¿Qué otra cosa podía hacer? El padre, al principio favorable a la cura, se dio cuenta en seguida de que Freud no aceptaba la tesis de la fabulación. Por lo tanto, se desinteresó del tratamiento. La hija, por su lado, no encontró en Freud la seducción que esperaba: él no había sido sensible ni había sabido poner en juego con ella una relación transferencial positiva. En efecto, en ese entonces Freud no sabía aún manejar la transferencia en la cura. Por otro lado, como él mismo lo subrayó en una nota de 1923, fue incapaz de comprender la naturaleza del vínculo homosexual que unía a Ida (Dora) con Peppina. Sin embargo, había sido la señora K. quien le había dado a leer el libro prohibido a la joven, para después acusarla. También había sido ella quien le hablaba de cosas sexuales. Este tema de la homosexualidad inherente a la histeria femenina fue extensamente comentado por Jacques Lacan en 1951, mientras que otros autores se dedicaron a demostrar que Freud no comprendía en nada la sexualidad femenina, o que Dora era inanalizable.