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II PRÓLOGO Y NOTAS AL LIBRO DE BERNHEIM - pág.5

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Precisamente el transfert, que parece prestarse tan fácilmente para demostrar el origen sugestivo de los síntomas histéricos, es sin lugar a dudas un proceso genuino. Es dable observarlo en casos de histeria que no han sido influidos en modo alguno, pues a menudo se observan pacientes cuya hemianestesia, típica en todo sentido, deja indemne un órgano o una extremidad que en el lado insensible del cuerpo conserva su sensibilidad, mientras que la zona correspondiente del lado indemne se ha tornado anestética. Además, el transfert es un fenómeno fisiológicamente explicable, pues, como lo han demostrado las investigaciones realizadas en Alemania y en Francia, constituye meramente la exageración de una relación que existe normalmente entre las partes simétricas del cuerpo, o sea que en forma rudimentaria puede ser producido también en personas normales. Otros muchos trastornos histéricos de la sensibilidad arraigan asimismo en relaciones fisiológicas normales, como tan elegantemente lo han demostrado las investigaciones de Urbantschitsch. No es ésta la oportunidad adecuada para justificar detalladamente toda la sintomatología de la histeria, pero podemos dar por establecido que en lo esencial es de índole real y objetiva y que no es falseada por la sugestión emanada del observador. Esto no implica negar en modo alguno que el mecanismo de las manifestaciones histéricas sea psíquico, pero dicho mecanismo no es el de la sugestión por parte del médico.
Con la demostración de que en la histeria intervienen fenómenos fisiológicos objetivos, ya no es necesario renunciar a la posibilidad de que el «gran» hipnotismo histérico presente manifestaciones que no obedecen a la sugestión por parte del observador. La demostración de su ocurrencia real ha de quedar librada a una futura investigación especialmente destinada a este fin. Por consiguiente, la escuela de la Salpêtrière deberá probar que las tres fases de la hipnosis histérica pueden ser inequívocamente demostradas, aun en un sujeto recién ingresado y manteniendo el investigador la mayor escrupulosidad en su conducta frente al mismo. No cabe duda de que tal demostración será accesible a corto plazo, pues ya ahora la descripción del grande hypnotisme contiene síntomas decididamente reacios a una concepción psicológica. Me refiero al aumento de la excitabilidad neuromuscular durante la fase letárgica. Quien haya tenido oportunidad de observar cómo durante la letargia una suave presión sobre un músculo -aunque sólo se trate de un músculo facial o de uno de los tres músculos externos del pabellón auricular, que nunca son contraídos en vida- precipita en contracción tónica todo el fascículo afectado por la compresión, o cómo la presión sobre un nervio superficial revela su distribución terminal: todo el que haya visto esto se verá forzado a admitir que dicho efecto debe ser atribuido a razones fisiológicas o a un entrenamiento deliberado, y no vacilará en excluir como causa posible toda sugestión no intencionada.


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